Tiro significa roca. La antigua ciudad fenicia que le dio nombre a este color no era solo un puerto, era un punto fijo en el mapa del mundo conocido. Un lugar que resistía porque sabía exactamente lo que era.

Cuenta la leyenda que fue el perro de Hércules el que descubrió el púrpura. El animal mordió un caracol en la orilla del mar y regresó con el hocico teñido de un color que nadie había visto antes. No fue un descubrimiento planificado ni el resultado de una gran inversión, fue la consecuencia de prestar atención a lo que otros ignoraban.

Los fenicios convirtieron ese hallazgo en una de las primeras industrias de la historia. El tinte púrpura que extraían del múrex era más caro que el oro. Lo usaban reyes y emperadores. Era el color del poder, no porque alguien lo hubiera decidido, sino porque el proceso para crearlo era imposible de falsificar o acelerar. Solo existía si se hacía bien.

Y desapareció. No porque perdiera valor, sino porque el mundo moderno no supo sostener lo que requería ese nivel de atención.

Púrpura de Tiro nació de esa convicción: que una producción no tiene que ser grande para ser buena, ni artística para ser efectiva. Que el formato lo define el proyecto, pero el estándar no se negocia. Que el valor no siempre está donde todos miran.

Hacemos comerciales, videos musicales, animación y contenido corporativo. Lo que cambia es el brief. Lo que no cambia es cómo llegamos a él; con el mismo criterio, la misma atención, el mismo proceso que no puede falsificarse ni acelerarse.

El formato es tuyo. La calidad es nuestra.

Púrpura de Tiro es dirigida por Orlando González Sandoval, director y cinefotógrafo con base en Ciudad de México.